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“La Iglesia no puede ser neutral ante la desaparición”: Monseñor Francisco Javier Acero se reúne con 80 familias buscadoras

  • Foto del escritor: Elena F.
    Elena F.
  • 20 nov
  • 3 Min. de lectura

Ciudad de México. “La Iglesia no puede ser neutral cuando está en juego la dignidad de las personas”. Con esa frase, el Monseñor Francisco Javier Acero Pérez, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis Primada de México, marcó el tono del encuentro que sostuvo con integrantes de familias de personas desaparecidas.


Durante la reunión, el jerarca católico llamó a fortalecer el autocuidado de las familias buscadoras y urgió al Estado a asumir su responsabilidad con presupuesto, atención real y puertas abiertas. Criticó que muchas víctimas sigan sin ser recibidas por dependencias gubernamentales pese a años de dolor y búsqueda: “el miedo impuesto por autoridades funciona como un cáncer social”, afirmó.


Acero enfatizó que la Iglesia “no es oposición”, sino un actor moral que debe denunciar injusticias y anunciar la verdad. También pidió a todos los sectores abandonar el lenguaje de odio—“porque la guerra empieza por las palabras”—y convocó a caminar en unidad. Renovó su llamado de paz rumbo al 12 de diciembre: “Dejemos de matarnos entre nosotros”.


El Obispo pidió perdón a las familias si la Iglesia no ha sabido acompañarlas y llamó a construir una red de apoyo que involucre a parroquias, instituciones y autoridades. “Estas reuniones no son solo para ver y escuchar, son para comprometernos”, señaló.


En el encuentro, el padre Jorge Atilano González, director ejecutivo del Diálogo Nacional por la Paz, explicó que tras reuniones entre colectivos y autoridades se identificaron tres crisis estructurales:


1. Fiscalías sin controles: la autonomía ha convertido a estas instituciones en espacios intocables, sin mecanismos para sancionar omisiones.


2. Crisis de seguridad: en varios territorios, autoridades locales y grupos delictivos operan bajo esquemas de control, extorsión y deterioro social.


3. Crisis forense: falta de herramientas tecnológicas y de laboratorio para identificar miles de cuerpos en fosas.


Atilano confirmó que la Iglesia ha sido convocada por la Secretaría de Gobernación para mediar entre colectivos y gobierno, y destacó la urgencia de actuar en las primeras 72 horas tras una desaparición. Señaló buenas prácticas municipales y estatales —como Yecapixtla, Ecatepec y las mesas de Coahuila y Puebla— que podrían replicarse a nivel nacional.


El encuentro estuvo marcado por testimonios de familias provenientes de la Ciudad de México, Estado de México, Puebla, Sonora, Chiapas, Morelos y Jalisco.


Jacqueline Palmeros, del colectivo Una luz en el camino, habló del “calvario institucional” incluso después de localizar a un ser querido. Pidió erradicar estigmas y reconoció que las familias buscadoras son más que “madres”: son familias enteras afectadas.


Cecilia Patricia Flores, fundadora de Madres Buscadoras de Sonora, denunció la estigmatización y la falta de recursos: “Mientras las autoridades quieren callarnos, nosotras seguimos abriendo los ojos a la realidad”.


Liliana, madre de dos jóvenes desaparecidos en Chiapas, subrayó la invisibilización del problema en su estado y pidió a la Iglesia acompañar a los colectivos en regiones donde prevalece el control criminal.


Maribel Enciso, con 15 años de búsqueda, propuso crear una red permanente de oración mensual frente al Santísimo para sostener espiritualmente a las familias.


Una representante de la familia de Adrián, marino desaparecido, advirtió que la desaparición forzada “es una de las heridas más profundas del país” y destacó el acompañamiento de la diócesis de Ecatepec y de la Brigada Nacional de Búsqueda.


Karen Jiménez Guerrero, hermana de un joven desaparecido en CDMX, acusó al gobierno capitalino de entregar territorios al crimen y reprimir protestas: “Saben dónde están nuestros jóvenes, pero no quieren buscarlos”.


Lilia Ponte y Margarita Soledad Díaz compartieron el desgaste diario de la búsqueda, el avance logrado en Morelos tras la visita de la Brigada Nacional de Búsqueda y la importancia de crear oficinas municipales de atención a víctimas.


Desde Puebla, Pedro “N” relató la experiencia positiva de mesas de diálogo directas entre el gobernador y familias buscadoras, un ejercicio que calificó como significativo y replicable.


Entre los asistentes que optaron por escuchar se encontraron María Herrera Magdaleno, referente nacional de familias buscadoras, y su hijo Juan Carlos Trujillo Herrera, así como integrantes de comunidades indígenas y colectivos de diversos estados.

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